No caben dudas de que la agresividad forma parte esencial del juego: presionar a tus oponentes, confundirlos o seducirlos para que caigan en tu trampa son todas estrategias válidas, incluso bien consideradas por tus oponentes, a veces fácilmente incorporables a tu estilo de juego con resultados moderadamente inmediatos. Pero la verdadera habilidad está en integrar
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